“La visión es un dialogo entre los ojos y el cerebro”

Hallar la tercera dimensión a los 48 años

SUSAN BARRY

Profesora de Neurobiología en la Universidad Mount Holyoke College, se sometió a los 48 años a una neurorrehabilitación optométrica que le abrió los ojos al mundo en 3D.

La neurocientífica Susan R. Barry perdió a poco de nacer la capacidad de desarrollar la estereopsis, la facultad que nos permite ver la realidad en tres dimensiones, y los médicos daban su caso por irreversible. Pero, a las puertas de la cincuentena, se puso en manos de una optometrista comportamental que, a través de un eficaz programa de sesiones de terapia visual, logró que Susan aprendiera a ver, y así recuperara la dimensión perdida.

Ver en estéreo es el fascinante relato en primera persona de ese periplo vital. Escrito en un estilo ameno y a la vez riguroso, este libro servirá de referencia a todos los profesionales interesados en el campo de la neuro-rehabilitación, y como apasionante lectura.

Entrevista realizada por el Diario Digital Diario Médico.com a la Doctora Susan Barry  por Isabel Gallardo Ponce

Ver en estéreo o Fixing my gaze es el título del libro que Susan Barry, neurobióloga y profesora de la Universidad Mount Holyoke College, en Massachusetts, acaba de presentar en España. El título se refiere tanto a aprender a utilizar los ojos como al lugar al que se dirigen. Además de una autoridad en el campo de la plasticidad sináptica, ha experimentado cómo un adecuado entrenamiento puede solucionar un problema de esteropsis, que padecía desde la infancia.

¿Cómo se dio cuenta de que no veía en estéreo?

-No lo supe hasta que llegué a la Universidad. Tenía 20 años y en una clase sobre Neurobiología nos explicaron que la gente estrábica desde la primera infancia no ve en estéreo. ¿Querían decir que no veía como los demás? Realicé algunas pruebas y resultó que no veía en 3 dimensiones (3D).

¿Afectó a su vida diaria?

Sí. No se trataba sólo de que no viese en 3D, sino de que el hecho de que mis ojos no miraran al mismo punto generaba información conflictiva. Tenía que esforzarme para ver y la forma de hacerlo era mirar con un ojo e ignorar la información generada por el otro. No me di cuenta de que ésta era la razón por la que tuve problemas para aprender a leer, a andar en bicicleta o a conducir. Asumí que no se me daban bien.

Era difícil darse cuenta.

-Sí, pero en general el sistema educacional y médico no se plantea el impacto que puede tener el estrabismo en el aprendizaje o en la práctica de deportes. Creen que se trata de tener visión monocular. Todo el proceso visual va a ser más lento, confuso y menos eficiente.

La primera visión real en 3D la tuve tras una sesión de terapia cuandome subí al coche. Miré al volante y estaba flotando frente al salpicadero.

¿La cirugía sólo corrigió el aspecto estético?

-Era estrábica de pequeña. Me operaron a los 2, 3 y 7 años de edad. La cirugía no cambió mi forma de mirar, pero el giro era más sutil y costaba darse cuenta.

¿Qué tipo de terapia realizó para ver en 3D?

-A los 40 empecé a notar más problemas. Los objetos que estaban a distancia parecían vibrar. Fui a ver a un optometrista comportamental para ver si se podía mejorar mi visión, no para recuperar la 3D, porque como profesora de Neurobiología, investigadora y científica, conocía el dogma general: si no se desarrolla la visión 3D en la infancia, no se recupera porque los circuitos cerebrales se establecen de distinta forma. La terapeuta me explicó que no miraba al mismo punto con ambos ojos y que me enseñaría a hacerlo. Es una capacidad que suele desarrollarse entre los 2 y los 4 meses de edad y yo lo aprendí a los 48 años.

¿Acabó viendo en 3D?

-Hice muchos tipos de terapia visual, de ejercicios y de procedimientos que me dieron la interacción suficiente para dirigir ambos ojos al mismo lugar. Tuve que practicar mucho.

Usted es la prueba de que el cerebro puede modificarse.

-Ciertamente el cerebro puede hacerlo, pero hay que ofrecerle el entrenamiento adecuado. Con la terapia visual no sólo tuve que aprender una forma nueva de ver, sino romper mis hábitos visuales. Es una de las razones por las que creemos que el cerebro es menos flexible porque requiere práctica romper un viejo hábito y adoptar uno nuevo.

¿Así el cerebro construye nuevos circuitos?

-Nadie lo sabe con seguridad. Según los neurocientíficos con los que he hablado, entre ellos, el premio Nobel David Hubel, la idea general es que el circuito que regula la visión 3D se establece en edades muy tempranas o está presente en el nacimiento. Puesto que no podía utilizar las imágenes entre ambos ojos tuve que suprimir el circuito y desarrollar una nueva forma de ver. No obstante, aunque suprimido, estaba ahí y pude usarlo, desarrollarlo y mejorarlo. Ahí es donde todo el entrenamiento tiene cabida.

¿Cómo se dio cuenta de que había sido un éxito?

-Después de un mes de terapia comencé a notar diferencias. Al principio eran muy sutiles. Pero la primera experiencia en 3D la tuve tras una sesión cuando me subí al coche, miré al volante y estaba flotando frente al salpicadero: había un espacio palpable entre ambos.

¿Se seguirá centrando en la investigación?

-Ahora mismo quiero centrarme en escribir sobre la visión binocular y la rehabilitación. Cómo se puede utilizar la neuroplasticidad para recuperar un ictus, un daño cerebral, las patologías neurodegenerativas…

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